Somos la única especie capaz de imaginarnos mejores y trabajar para hacer realidad ese sueño. Ninguna otra aspira a ser más de lo que es. Compliance es, sin duda, una palanca para ello y no es raro que los estándares modernos subrayen su rol cultural.
El primatólogo Frans de Waal dijo que la cultura es cómo hacemos y pensamos las cosas, transmitido por medios no genéticos. La cultura nos permite, como género humano, trascender limitaciones biológicas. El célebre paleontólogo Stephen Jay Gould afirmó que “la selección natural casi se ha vuelto irrelevante en la evolución humana. Los cambios culturales nos permiten progresar mucho más rápido que la evolución biológica”. De hecho, Gould aclaró que “no ha habido ningún cambio biológico en los seres humanos en cuarenta o cincuenta mil años. Todo lo que llamamos cultura y civilización lo hemos construido con el mismo cuerpo y el mismo cerebro”.
Biólogos, etólogos y, principalmente, primatólogos, aprecian en comunidades animales rasgos claramente culturales. Dentro de cada especie, se producen diferencias entre grupos que no son genéticas, sino aprendidas. El ecologista y etólogo Carl Safina asegura que los seres humanos no somos los únicos que utilizamos signos para establecer identidades de grupo y reafirmar la pertenencia a ellos, sucediendo también con primates, elefantes, ballenas y delfines, por ejemplo.
El idealismo es una de las manifestaciones culturales identitarias más estudiadas: nuestra capacidad de morir por fidelidad a un grupo o por defender ideales. Sin embargo, la guerra de chimpancés de Gombe, un conflicto muy violento entre dos comunidades de chipancés en el Parque Nacional de Gombe Stream, que comezó en 1974 y finalizó en 1978, dejó claro que ni siquiera somos únicos en esto.
Como apunta el biólogo evolutivo Marc D. Hauser, “dentro del marco de la moral de la asociación, las actitudes naturales de amistad y confianza mutua dan origen a impresiones de culpa, a causa del incumplimiento de los deberes y obligaciones reconocidos por el grupo”. El sentimiento de culpabilidad va unido a la cultura. Por eso, cuando compliance impacta culturalmente, transforma a las personas induciéndoles sentimientos de culpa frente a conductas reprobables.
El neurocientífico y médico neurólogo Antonio Damasio subraya la plasticididad de nuestro cerebro: su diseño tiene una base genética pero varía según las experiencias de cada uno. La psicóloga Lisa Feldman va más allá, y señala el efecto que provocan tanto los demás como el entorno cultural en la construcción física de nuestras sinapsis cerebrales. Desde esta perspectiva y si compliance guarda relación con la cultura, también modela nuestras estructuras cerebrales físicas.
No todo es positivo con la cultura. El neuroendocrinólogo y paleontólogo Robert Sapolsky advierte que los planteamientos culturales pueden llegar a conformar “una estructura tan firmemente razonada en nuestrascabezas respecto a por qué una opinión es correcta, que puede adquirir un peso moral, ser vista como un derecho”. De ahí que uno de los retos del compliance es evitar dogmatizar sobre aspectos culturales, pues existen variaciones éticas significativas en comunidades y organizaciones, sin que esté demostrada la prevalencia moral de alguna de ellas.
En el siguiente video analizo las similitudes y diferencias entre la cultura humana y la que se observa en el mundo animal, extrayendo lecciones interesantes desde la perspectiva del compliance. Todo ello a la luz de autores relevantes de la biología evolutiva, la primatología, el comportamiento organizacional, la psicología experimental y la ecología; que nos llevarán a reflexiones extraordinarias e imprescindibles para entender muchos comportamientos.
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