La empresa familiar ha sido históricamente un pilar de estabilidad y crecimiento en nuestra región. Su visión a largo plazo, su fuerte arraigo en el territorio y su sentido de responsabilidad hacia el desarrollo de la población en su zona de influencia, junto con su capacidad de adaptación, la han convertido en un modelo de éxito intergeneracional. Sin embargo, hoy nos encontramos en un entorno de transformación sin precedentes.
El contexto actual ha puesto en cuestión la viabilidad de los modelos de negocios tradicionales en numerosos sectores. La inteligencia artificial ya está cambiando la forma en que operan las empresas, desde la automatización de procesos hasta la toma de decisiones basada en datos. La computación cuántica amenazará con transformar industrias enteras. Paralelamente, el crecimiento de los riesgos cibernéticos no sólo expone a las empresas familiares, sino también al seno de la propia familia empresarial.
Lo mismo sucede con los cambios regulatorios y la inestabilidad política, que cada vez hace más complejo abordar con éxito todos los nuevos requerimientos normativos junto con la creciente necesidad de incrementar la capacidad de adaptación en el menor tiempo posible. En los últimos años nos hemos encontrado con multitud de cambios sobre cómo, dónde y con quién debemos operar en un mercado y economía en general afectada por los aspectos comentados.
La empresa familiar en Cataluña, con su vocación de estabilidad y preservación del patrimonio, puede verse en una posición de desventaja si no asume una actitud proactiva frente a estos cambios. La necesidad de evolucionar rápidamente hacia la transformación digital, la falta de inversión en tecnología e innovación, la atracción del talento necesario, así como la óptima gestión de riesgos, son sin duda los retos más importantes a los que se enfrenta. A todo esto, debemos añadir que su longevidad y estabilidad se debe, en gran parte, a esa visión a largo plazo que trasciende generaciones.
Sin embargo, en este contexto de cambios constantes y a gran velocidad, la existencia de divergencias o visiones entre las distintas generaciones que conviven en el seno de la empresa familiar pueden generar tensiones, ¿reinvertimos para crecer? ¿nos apalancamos? ¿desinvertir para diversificar patrimonio o simplemente tratamos de maximizar el retorno vía dividendos? En este sentido, parece clave tener una visión conjunta de la familia empresarial y, en base a ello, estar preparados para una respuesta a las circunstancias concretas del mercado en el menor tiempo posible.
Más allá de la evolución del negocio, la complejidad del entorno actual también impacta en la propia estructura de la empresa familiar. La inestabilidad geopolítica y los cambios regulatorios están afectando tanto a los mercados como a los modelos de propiedad y fiscalidad. En muchos casos, la incertidumbre genera dudas sobre la continuidad de la empresa dentro de la familia y puede derivar en conflictos internos sobre la estrategia futura. Incluso nos podemos encontrar en que las nuevas generaciones no están claramente motivadas por continuar con el legado de la empresa familiar, algo que no debe ser un tabú, sino simplemente algo que requiere un claro entendimiento de la situación particular en la que se encuentra la familia, y ser capaces de distinguir entre dos roles claramente diferenciados, los accionistas y los gestores de la empresa familiar.
Ante esta realidad, contar con una estructura de gobernanza sólida, clara y bien definida es fundamental para asegurar la estabilidad tanto de la empresa familiar como de la familia que, bajo mi punto de vista, son y deben ser dos realidades distintas. La toma de decisiones debe estar alineada con los intereses de la empresa y no solo con los de la familia, evitando bloqueos que puedan frenar su evolución en un momento en el que la agilidad y la adaptación son clave para la supervivencia en un mundo que está en constante cambio.
Todo ello implica definir roles y responsabilidades de manera objetiva, contar con un consejo de administración con visión estratégica y establecer protocolos de sucesión que garanticen que el liderazgo de la empresa, tanto a nivel de Consejo de Administración como de dirección ejecutiva estén siempre en manos de los perfiles más adecuados, sean perfiles que provenga de la familia o no. En este contexto, no podemos perder de vista que el establecimiento de mecanismos de liquidez en el protocolo familiar, que permitan dar respuesta al dilema estratégico de las diferentes generaciones que conviven en la familia empresarial, es una vía de evitar potenciales conflictos que sólo pueden hacer a la empresa familiar menos competitiva y poco ágil en un contexto de constante incerteza.
En un entorno donde la regulación y la presión social están marcando el futuro de los negocios, la excelencia en ESG (criterios ambientales, sociales y de gobernanza) se ha convertido en un elemento diferenciador. Las empresas familiares, con su enfoque a largo plazo, tienen una ventaja natural en este ámbito, pero esto no significa que el proceso sea sencillo tienen la obligación de abrazar esta oportunidad para liderar este cambio ante sus stakeholders y la Sociedad en general.
La creciente demanda de transparencia, considerando que, en nuestro territorio, el regulador no distingue entre una empresa cotizada y una empresa familiar, la necesidad de medir el impacto ambiental de las operaciones y la exigencia de políticas de responsabilidad social bien estructuradas pueden generar fricciones dentro de la empresa familiar. En muchas ocasiones, estos cambios requieren inversiones significativas y modificaciones en el modelo de negocio que pueden no ser percibidas como urgentes por las generaciones anteriores. Sin embargo, la sostenibilidad no es solo una cuestión de reputación o cumplimiento normativo, sino una condición para la viabilidad futura de la empresa.
La llegada de nuevas generaciones a la empresa familiar ha sido tradicionalmente el punto de inflexión que marca su evolución. Sin embargo, el futuro ya no se define solo por el relevo familiar, sino por la capacidad de atraer y desarrollar talento con las competencias necesarias para navegar en un entorno cada vez más incierto y complejo. La clave no está en si el próximo líder pertenece o no a la familia, sino en asegurar que la empresa cuente con los perfiles más preparados para entender las disrupciones tecnológicas, los riesgos globales y la evolución de los mercados y esto no es tan sencillo en grupos familiares donde las decisiones de quién debe liderar la empresa familiar o un área clave en la organización puede verse claramente influenciado por factores de carácter emocional, históricos o familiares, por lo tanto el verdadero desafío de la empresa familiar no es únicamente preservar su legado, sino adaptarlo y formarlo para el futuro.
Para ello, la identificación del talento adecuado debe convertirse en un proceso estructurado que garantice que la dirección de la empresa esté en manos de líderes con una visión clara, capacidad de gestión en escenarios de incertidumbre y habilidades para impulsar la innovación sin perder la esencia del negocio, valores y legado de la empresa familiar.
La empresa familiar se encuentra en un momento de cambio estructural, donde la evolución del modelo de negocio, la disrupción tecnológica, la sostenibilidad y la gestión de riesgos globales requieren una revisión profunda de su estrategia. La clave del éxito en este nuevo contexto no está en resistirse a los cambios, sino en abrazarlos con una visión clara de cómo pueden fortalecer la empresa a largo plazo y sin seguir un modelo de sucesión basado únicamente en la continuidad familiar en la empresa, sino en la capacidad de identificar y desarrollar el talento más adecuado para liderar el futuro.
Las familias empresarias que sean capaces de gestionar esta transformación con visión amplia, adoptando una estructura de gobernanza flexible y asegurando la adaptación de su modelo de negocio, apostando por el mejor talento y una adecuada gobernanza y comunicación que permitan el consenso en el entorno familiar, serán las que logren no solo mantener su legado, sino proyectarlo hacia nuevas generaciones con éxito.
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